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lunes, 30 de marzo de 2015

¿Un restaurante español en Sofía?

Después de seis años de vivir en Sofía, se me cruzaron los cables y decidí que ya era hora de buscar algún restaurante de comida patria en mi país de acogida. Lo sé, seis años es mucho tiempo, pero ya conté que una de mis tácticas para adaptarme a Bulgaria es centrarme en aprender a disfrutar de la gastronomía local, y eso he hecho. Ya sabéis, "cuando vayas a Roma haz lo mismo que los romanos", pero en este caso sustituyendo Roma por Bulgaria y romanos por búlgaros. 

Aprovechando que se acercaba mi undécimo aniversario de bodas (Bodas de Acero) me puse a investigar y di con el único restaurante 100% español de Sofía, el Tapas Bar. Por desgracia, cuando hablé con el propietario, un alicantino, me dijo que en pocos días cerraba el restaurante y se iba a Alemania. ¡Mi gozo en un pozo! (que te vaya muy bien en Alemania, Paco). 





Como plan B di con otro restaurante llamado Bodega, y a falta del Tapas Bar me conformé con este. Os sorprenderá que le dedique un post a una cena, pero entre otros factores, la última vez que salimos a cenar en pareja fue el año pasado, para nuestro décimo aniversario, así que para nosotros era todo un acontecimiento. No tener que cortarle la carne a nadie (el año pasado se la corté a mi marido sin darme cuenta jaja), y no comer con niños en el regazo fue una agradable novedad.

El restaurante Bodega está ubicado en la zona más céntrica de Sofía, justo delante de la iglesia rusa de san Nicolás. Aunque fue una buena caminata, fuimos andando para ahorrarnos tener que buscar aparcamiento (y de paso bajar la cena a la vuelta). 



La ambientación es "más o menos" española. Manteles rojos, servilletas dobladas como abanicos, mosaico en las escaleras, un chico tocando la guitarra en la planta baja. Pero vamos que a mi la decoración no me importa, ¡yo he venido a zampar! La carta contiene por un lado una selección de tapas y por otro un menú de comida típica española. Empezamos atacando las tapas,  también "mas o menos" españolas. Muy ricas eh, peeeero eso no eran exactamente tapas. Las tapas deben ser pequeñas, apenas unos bocados, y estas tapas eran tan grandes que con tres por cabeza ya no pudimos comer nada más!  Casi salimos rodando de ahí.

Tampoco era exactamente comida española. Por ejemplo, yo pedí croquetas porque me encantan y en casa no me salen muy bien. Leo en la carta "croquetas de carne". ¿De carne? ¿No hay de jamón serrano? Jo, bueno vale, pues de carne. Corto la primera croqueta y me encuentro con carne, pero sólo carne, nada de bechamel. Eso era una pelotilla de ternera rebozada, tal cual. Muy rica, pero eso en mi mundo no es una croqueta.

tapas restaurante Bodega Sofía Bulgaria 1

  
Probamos también la tortilla de patatas. Esta sí que se parecía más a una tortilla española, así que la dejo pasar porque además estaba rica. Además yo pedí hummus, que no es comida española, pero me gustan mucho los garbanzos, en Bulgaria cuestan de encontrar, y nunca había comido hummus. Ningún misterio, es paté de garbanzos y punto. Muy rico, pero como he dicho no es español (al parecer viene de Egipto). Otras cosillas que probamos: patatas bravas y montaditos de brie, aceitunas, y algo de comida mexicana e italiana (muy buena pero en un restaurante español no pega).


tapas restaurante Bodega Sofía Bulgaria 1



Después de cenar, proseguí la investigación: me dirigí al maître y le di el susto de su vida cuando le pedí hablar con el chef. Cuando se recuperó, le sacó de la cocina un momento para presentarmelo y nos dejó hablar. El chef, de unos treinta y cinco años así a ojo, me contó que su formación culinaria son clases de cocina normales en Bulgaria, es decir que nunca ha aprendido específicamente cocina española. Añadió que lo que prepara es su propia versión de la comida española. Además, parece que ningún miembro de la plantilla es español ni habla el idioma.

También le pregunté por el origen de los productos que utiliza para elaborar sus platos. Al parecer, lo único que procede de España es el jamón serrano y los quesos manchegos; todo lo demás son productos búlgaros, con la excepción ocasional de aceitunas y aceite de oliva.

Añadió que tiene dificultades con el personal de la cocina, porque eso es un trabajo en equipo y al parecer en cuanto los pinches aprenden algo se le van, y tiene que enseñar de cero a nuevo personal. Una pena, porque al buen hombre parece que le gusta mucho su trabajo. Me confió que otro problema es que los búlgaros son gente práctica, que van a los restaurantes a alimentarse, no a disfrutar de la comida en sí.

 
Servilleta y croqueta restaurante Bodega Sofía Bulgaria
Servilleta con error y falsa croqueta: pruebas gráficas.

Como anécdota chorra, en las servilletas de Bodega hay escritas unas cuantas expresiones básicas en búlgaro traducidas al español. Pero me chocó leer entre ellas "Aquí están" al lado del búlgaro "заповядайте". Me costó pillarlo hasta que entendí que a alguien se le había ido la pinza y lo habían traducido mal: en inglés sería  "Here you are" y lo habían traducido al español de manera literal: aquí están. Como en los centros comerciales: "Usted está aquí". No comment.. o sí: corregí el error con boli y le dejé la servilleta de regalo al pobre maître, que imagino que se alegró mucho cuando nos fuimos.  

Mi conclusión es que la comida que se sirve en Bodega es buena, esto es innegable. Se nota que los productos son de calidad, la comida está bien preparada y bien presentada, los camareros son rápidos y eficientes, y aunque no es barato tampoco es muy caro. A mi me gustó mucho la cena y probablemente volveremos porque quiero probar la paella. Pero eso no es comida española. Es, como me dijo el chef, "una versión búlgara de la comida española".

¿Qué os parece? ¿Creéis que un restaurante español debería ceñirse a servir comida española de verdad para poder llamarse así? ¿Qué os gusta más de la comida típica española?        


lunes, 23 de marzo de 2015

Los nombres búlgaros

El año pasado hablé en este blog de los apellidos y patronímicos búlgaros y cómo se declinan según el género. Hoy me centro en los nombres de pila típicos de Bulgaria. Cada país tiene sus nombres característicos, y los nombres búlgaros no se parecen demasiado a los españoles. 

Al ser mis hijos tan búlgaros como españoles, pasé mucho tiempo antes de que nacieran meditando la elección de sus nombres, porque quería que puedan integrarse bien tanto en España como en Bulgaria. Para eso hacían falta nombres que se usen en ambos países, y son escasos.


nombres búlgaros bulgarian names


Imagino que la mayoría de vosotr@s estáis leyendo esto por simple curiosidad, y que no tenéis realmente el mismo dilema que tuve yo en su día, así que os propongo un pequeño reto para que penséis mientras vais leyendo el resto: ¿qué nombres de los que enumero a continuación elegiríais para un hijo o hija vuestro/a?  

Podría clasificar los nombres búlgaros en cinco categorías, según nivel de dificultad para hispanohablantes


1. Los que se usan igual en España:  hay más femeninos que masculinos,  pero casi todos parecen proceder del santoral cristiano.  Ya os conté que la religión predominante en Bulgaria, por tradición, es el cristianismo ortodoxo, y esto se refleja en los nombres.

Ana, Eva, Daniela, Diana, Emilia, María, Elena, Gabriela, Lidia, Marina, Margarita, Natalia, Olga, Silvia, Sofía, Victoria, Violeta, Valentina. 

Iván, Antón, Daniel, Martín, Simeón, Valentín.
 

2. Los que tienen un equivalente en español. Los podemos reconocer pero no siempre escribir o pronunciar bien la versión búlgara: 

Ioana, Kristina, Hristina, Irina, Iva, Petia, Veronika, Stefania, Terezha.  

Alexander, Angel, Emil, Evgeni, Ioan, Georgi, Kliment, Konstantin, Lazar, Mikhail, Petar, Petko, Sergey, Stefan, Sergey, Teodor, Vasil, Viktor.    

 
 3. Los que no se usan en España pero no suenan raro, porque nos resultan fáciles de pronunciar a los hispanohablantes: 

Albena, Bogdana, Borislava, Darina, Desislava, Ekaterina, Galina, Kalina, Lilia, Mila, Milena, Nadia, Nedelia,  Nevena, Teodora, Miroslava,  Raia, Rositsa, Yana. 

Boris, Ivo, Yordan, Kyril, Konstantin, Kubrat, Toma.  


4. Los que uno no ha oído en su vida hasta que viene a vivir a Bulgaria. Nombres extraños, nada familiares, o difíciles de pronunciar o recordar: 

Biliana, Bistra, Boyana, Donka, Gergana, Krasimira, Ksenia, Ludmila, Nadezhda, Ogniana, Plamena, Yanitsa, Svetoslava, Zornitsa.

Asen, Bogdan, Boyan, Branimir, Deyan, Dimitar, Hristo, Ivaylo, Krasimir, Krum, Lyubomir, Ognian, Svetoslav, Svetomir, Tsolo.


5. Los que significan algo curioso o me hacen reír. 

Conocí una vez a un chico llamado Atanás, y no podía mirarle sin partirme de risa, porque pensaba en "Satanás". ¡No me digáis que no se parece!

Con Dragomir, me pasaba algo parecido, yo venga a pensar en dragones y resulta que significa algo como "valioso" en lengua eslava antigua.

Timotei  es la forma eslava de Timothy, pero ¡es igualito que el nombre del conocido champú! 

Zlatka, desde que la conocí pasé meses pensando que su nombre significa "dulce" y resulta que es "dorada". En mi defensa, ambos adjetivos en búlgaro se dicen casi igual: Zladka y Zlatka

Maya es un diminutivo de María, pero cuando lo oigo sólo puedo pensar ¡en la abeja Maya!

Nedelia significa domingo; en español existe Domingo como nombre masculino, pero Dominga, en femenino, se hace raro. De todos modos en Sofía hay una iglesia consagrada a esta santa, llamada Sveta Nedelia



nombres búlgaros curiosos



Como veis, en Bulgaria no es difícil distinguir los nombres por género, porque los nombres búlgaros de mujer terminan en -a, y los de hombre en consonante (excepto algunos en -o). 

Además, es interesante que los nombres masculinos se declinan para el vocativo con una -E. Es decir, si me dirijo a Iván para pedirle un boli, le diría "Ivane, pasame el boli por favor". O si le quiero ofrecer agua a Lazar, sería "Lazare, ¿quieres agua?".

Personalmente, como extranjera, a veces tengo problemas para pronunciar algunos nombres, especialmente si contienen sonidos que no existen en español. Pero saber otros idiomas me ayuda, porque algunos de esos sonidos sí existen en catalán o en inglés, como la G de George, la J de menjar o la Z de Zoo. 
 
Espero que no se enfade ningún búlgaro al leer mi lista de nombres; podía haber hecho una clasificación más seria, dividir los nombres según su origen por ejemplo (bíblicos, extranjeros, tradicionales etc), pero me parecía más aburrido y menos subjetivo, y además ya hay artículos así en muchas webs.

Lo que sí es un hecho es que en Bulgaria parece haber una tendencia cada vez más acusada a poner a los niños nombres de origen extranjero, especialmente occidentales. Imagino que es algo parecido a la moda española de llamar a los niños como los protagonistas de las series americanas.  


¿Habéis elegido ya un nombre búlgaro  que podríais poner a un (hipotético) hijo vuestro? Y, por curiosidad... ¿ha salido vuestro nombre en la lista?

lunes, 16 de marzo de 2015

Relación entre hermanos, amigos para siempre

Hace tiempo que quería hablar de la relación entre hermanos, así que aprovecho que es el tema del mes en la iniciativa Hay Vida Después de los 6 años para contar mi experiencia. No me refiero a mi relación con mis propios hermanos (para eso mejor abrir otro blog), sino a la que tienen mis hijos, que ha sido un poco tormentosa desde el principio. Los niños tienen por delante muchos años de estrecha convivencia con sus hermanos, y si bien es cierto lo que dicen de que el roce hace el cariño, también causa encontronazos. 


Mis dos hispanobúlgaros, by Azuki
 

 Cuando nació mi hijo pequeño, hace dos años, la mayor se lo tomó bastante mal. No montó dramas pero la procesión iba por dentro. Todo empezó cuando pasé dos noches en el hospital para dar a luz. Al nacer ella no hubo problemas porque era la primera, pero esta vez tuvo que quedarse en casa, y aunque mi marido la trajo a visitarme un par de veces, no es lo mismo. Esos días cuidaron de ella otras personas, yo no puede darle la merienda, llevarla al parque o contarle el cuento antes de ir a dormir. 

Su padre le explicó que mamá pronto volvería, que en dos días estaría en casa de nuevo y que traería un hermanito para ella. Ignoro si este fue el enfoque adecuado; a ella le sentó fatal. Entonces tenía cuatro años y medio y vio al recién llegado como un invasor, un ladrón del tiempo de mamá. Se supone que esta actitud es un clásico de hija única destronada, pero que sea habitual no lo hace más agradable. 

Cualquiera que tenga hijos sabe lo caóticos que son los primeros días en casa con un recién nacido. Me apañé como pude, teniendo en cuenta que sin ser primeriza me sentía como si lo fuera. Me avergüenza decir que al principio no sabía ni por dónde coger al niño, y tuve serios problemas para establecer la lactancia materna. Esto, sumado a problemas familiares y a una larga depresión post parto que me duró meses, hizo que no pudiera atender bien a mi hija mayor, y ella nos culpó al bebé y a mi.

Su reacción pasó a ser física: a la semana de nacer su hermano se empezó a arrancar las uñas a escondidas. Pero no pellejitos sueltos, no: toda la uña. Un día descubrí horrorizada que le sangraban todos los dedos y por más que intenté hablar con ella, siguió haciendolo durante semanas y meses. Cuando tuvimos por fin el tema controlado, pasó a cambios de comportamiento. Primero me atacaba a mi, verbalmente. Me ofendía sin parar, me decía cosas feas, a sus cinco años se portaba como una adolescente hormonada. 

Respecto a su hermanito, por suerte no le pellizcaba ni le pegaba, pero no parecía quererle nada. Durante un año y medio se dedicó a ignorar por completo al bebé, hasta que por fin un día nos dibujó a los cuatro juntos por primera vez, lo que interpreté como la ansiada aceptación.


No parece obra de una niña que odie a su hermanito, ¿no?


Ahora bien, que acepte a su hermano no significa que se lleve bien con él. Normalmente le tolera, pero en cuanto interfiere con su vida se pone furiosa. Como el niño le toca sus juguetes, le ha roto alguna cosa sin querer y sigue robandole tiempo a solas conmigo, lo que hace es una mezcla entre ignorarle y esconderse de él, encerrandose en su habitación durante horas.  

Otras veces su conducta es regresiva, es decir, se porta como una niña pequeña: me pide que le dé la comida en la boca, le roba los juguetes al pequeño y los usa para jugar ella, mientras el pobre llora reclamandolos.

De vez en cuando se queda a pasar la noche con mis suegros, y cuando voy a recogerla se resiste a venir conmigo, me dice que esa es su casa y que me vuelva yo a la mía con el niño. Intento no reaccionar mal a su rechazo deliberado para evitar que siga haciéndolo, pero no sirve de mucho. 

¿Y el niño? El pobre adora a su hermana, se muere de ganas de jugar con ella, y no para de buscarla por toda la casa. Todavía es demasiado pequeño para entender qué sucede, y le frustra que ella le cierre la puerta en las narices a todas horas.

No siempre están a malas, a veces se lo pasan bomba saltando en la cama o pintando, pero dura poco; son momentos fugaces en los que apenas tengo tiempo de correr a por la cámara y hacer un par de fotos borrosas para inmortalizar la escena.

Para mi es duro ver cada día esta actitud de la mayor respecto al pequeño. En parte me siento culpable porque no puedo dividirme para atender a los dos: si estoy con el pequeño no puedo hacer un puzzle con la mayor o ayudarla a escribir sus frases del día. Y cuando estoy jugando con ella al parchís no puedo rodar por la alfombra con él. Por ahora no tienen edad para poder hacer nada juntos. Son como el agua y el aceite, y no ayuda nada que el pequeño todavía no hable porque no se pueden comunicar.

¿Y qué hago yo? De momento me centro en intentar evitar que la mayor culpe a su hermanito por la pérdida de su trono. Hago lo que puedo por buscar tiempo con ella a solas, aunque siento que nunca es suficiente. Cuando el pequeño crezca un poco y hable tal vez será más fácil encontrar actividades que puedan hacer los dos juntos.

Espero que cuando ambos sean mayores los lazos entre ellos se estrechen, y cada uno sea el sostén del otro, alguien con quien contar siempre, pase lo que pase. 

¿Os resulta familiar esta situación? Quienes tenéis varios hijos, ¿se llevan bien o no se pueden ver? ¿Cómo os organizáis para atenderlos a todos a pesar de sus distintas edades? 


lunes, 9 de marzo de 2015

Otro reto del expatriado: la comida


Puede parecer un tema banal, pero si lo pensáis bien, la comida tiene su importancia porque nos pasamos el día comiendo. Desayuno, comida, merienda, cena, picoteo entre horas, comidas fuera de casa...Y cuando uno se va a vivir a otro país, se da cuenta de detalles que no se suelen pensar cuando está rodeado de cosas conocidas. Como se suele decir, uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde :)

En estos 6 años de vida expatriada he llegado a la conclusión de que los principales obstáculos a superar en el apartado comida son dos: 
  


1. Echas de menos la comida de tu país.


Añoras las marcas conocidas, añoras Mercadona, añoras poder ir al supermercado sin tener que leer las etiquetas de pe a pa (a veces con diccionario) para averiguar qué demonios es lo que tienes en la mano... Ahora ya no sufro este problema de forma tan acusada porque ya sé búlgaro, pero al principio hacer la compra era tarea non grata.

Algunos productos son imposibles o muy difíciles de encontrar: por ejemplo, aquí me cuesta muchísimo encontrar garbanzos. Aquí se comen como frutos secos, pero las pocas veces que veo un paquete de garbanzos en la sección de legumbres, ahí acurrucados entre las lentejas y las judías blancas, me emociono y compro varios kilos. 

El tomate frito, en estos años no he visto nunca. Se vende el tomate triturado pero crudo. No es difícil hacer un sofrito rico y cocinar una buena salsa de tomate a fuego lento, pero lleva tiempo y si quieres sólo un chorrito para las salchichas de la cena, no sale a cuenta. Mi solución: hago mucha y la congelo en porciones pequeñas.

El paté de atún, aquí no existe, que yo sepa. No es un producto imprescindible pero a mi me encanta y lo echo de menos. Por no hablar ya de todo tipo de embutidos typical spanish. El jamón serrano, para mi asombro, sí que se vende en Bulgaria aunque no en todas partes, hay que saber buscar y no es barato. A los búlgaros les gusta, pero ellos ya tienen algo equivalente, un embutido llamado "filé Elena" que no es lo mismo pero está rico.


Comida española que echo de menos en Bulgaria


Hace poco ha llegado Lidl a Bulgaria y para mi ha sido como Navidad y mi cumpleaños a la vez. En julio hicieron la semana española y se me fue un poco la olla, venga a comprar comida patria. Había gazpacho, garbanzos cocidos, paella congelada, embutidos, tortilla de patatas... En general era comida bastante mala pero era española y yo tenía un ataque nostálgico, ¡al carro! Y casi lloro de emoción al descubrir que tienen durante todo el año ¡calamares a la romana!

 Por otro lado, algunas cosas aquí no existen pero sí los ingredientes, y se pueden hacer en casa con un poco de tiempo y paciencia: croquetas, paella, tortilla de patatas, gazpacho...

Y otras delicias no hay forma de conseguirlas, así que como dicen mis hermanos, ajo y agua, y a llenar la maleta cuando vas a la patria. Cada vez que visito Barcelona me vuelvo con una maleta llena de comida de Mercadona: Nesquick, galletas María y Tosta Ricas, taquitos de jamón (aquí sólo hay en lonchas), embutidos para parar un tren, latas de todo tipo, paté de atún, turrones en Navidad, lacasitos...

Ultimamente estoy intentando reducir mis importaciones porque oye, en Bulgaria también hay comida y después de tantos años ya debería superar un poco la añoranza gastronómica.. 


 

 2. Acostumbrarte a la comida local. 


¡El segundo handicap! Al principio ir al supermercado es todo un desafío. Por un lado, todo está etiquetado en cirílico y aunque sepas algo de búlgaro, el alfabeto extraño hace que leas despacio y la compra se eterniza. Por otro lado, nada te resulta familiar y no reconoces los productos. Normalmente cuando vamos a nuestro supermercado habitual, nada más ver ciertos colores o tipos de envase, antes de acercarnos siquiera ya reconocemos los productos porque nos son familiares, y esto agiliza mucho la compra.

A menudo te puedes hacer la comida que quieres en casa, como he dicho más arriba, por ejemplo aunque no hay tortilla de patatas, sí hay huevos y patatas, y te la haces tu. Pero para integrarse bien  hay que acostumbrarse a la comida típica búlgara


Comida búlgara deliciosa: sírene, banitsa, yogur búlgaro, ensalada shopska



Me ha costado años acostumbrarme al tarator, esa sopa fría de yogur y pepino que tanto les gusta a los búlgaros. ¿Yogur salado? La primera vez que lo vi no daba crédito, pero en verano lo comen a todas horas. A mi marido y a mis hijos les encanta, así que lo preparo muy a menudo cuando hace calor.

El yogur búlgaro es famoso en el mundo entero, y aunque no tenía mucho hábito de comer yogur, al llegar a Bulgaria intenté esforzarme en comerlo. Los búlgaros se lo echan a todo, lo usan como salsa, como bebida, como ingrediente en muchos platos, así que pensé que me salía a cuenta acostumbrarme al yogur salado para no pasarlo mal.

La ensalada shopska no tiene ningún misterio, es una ensalada muy rica a base de tomate, pepino, pimiento, cebolla y sírene. El sírene es un queso búlgaro simplemente delicioso, y con él se hace también la banitsa, un pastel salado de queso y hojaldre.

La banitsa es la comida búlgara a la que me aficioné más rápido; está riquísima y no puedo imaginar que a alguien pueda no gustarle. Cuando pueda pondré la receta en la sección Recetas Búlgaras.

Como veis, la comida es uno de los muchos retos de la vida expatriada; otros retos son el clima, del que hablé recientemente en el blog, y el idioma y la gente, de los que aún tengo pendiente escribir.  

Pero en general, cuando nos vamos a vivir lejos de casa, fuera de nuestra zona de confort, para adaptarse uno tiene que poner de su parte. Abrir la mente y probar cosas nuevas, en el caso de la comida no limitarnos a lo que conocemos. A mi no me gusta toda la comida búlgara, como tampoco me gusta toda la española. La cuestión es ir probando, sin prejuicios, y al final vamos encontrando nuestros favoritos.

Dicho esto me gustaría preguntaros, ¿qué comida es la que más echaríais de menos si os mudarais a otro país?
  

domingo, 1 de marzo de 2015

Los búlgaros reciben la primavera: Chestita Baba Marta!

Baba Marta Bulgaria martenitsa 
Cada año el 1 de marzo Bulgaria celebra una gran fiesta nacional: ¡BABA MARTA! Cuenta la leyenda que desde hace más de mil años, de la Abuela Marta dependía el clima. Cuando estaba de buen humor lucía el sol, cantaban los pájaros y florecían los campos. En cambio, cuando estaba de malas volvía el frío. Por eso, desde hace siglos cada 1 de marzo los búlgaros confeccionan martenitsas, adornos de lana blanca y roja, para apaciguar a Baba Marta y que vuelva el buen tiempo después del largo y crudo invierno búlgaro.

(Baba significa abuela; ya hablé de falsos amigos búlgaros en otro post).

¿Baba Marta? El nombre Abuela Marta no viene de santa Marta, sino del mes de Marzo, que en búlgaro se dice Mart, así que en realidad la Abuela Marta es la Abuela Marzo. El mes de marzo es muy importante, porque es cuando suele empezar a vislumbrarse el final del invierno y se intuyen los primeros atisbos de la primavera. Ahora mismo en Sofía se están fundiendo los últimos restos de nieve, y aunque todavía hace frío, ya es lo que yo llamo "frío soportable".

Las martenitsas son adornos confeccionados tradicionalmente con lana roja y blanca, y también he visto que se venden algunas de cartón o de plástico. Las más típicas tienen forma de escobillas o pulseras, aunque también se hacen muñecos para niños o adornos para la casa o las mascotas. 

A veces a las escobillas se le da forma humana; esas figuritas se llaman Pizho (el chico, de blanco) y Penda (la chica, de rojo). Las pulseras se llevan en la muñeca (obvio) y el resto se pueden prender al pecho con un alfiler. El color rojo simboliza sangre, fuerza, amistad, calor y sol. El color blanco, luz y pureza. Ambos colores unidos representan la unidad de Bulgaria.


Las Martenitsas más típicas en Bulgaria
Arriba a la derecha, Pizho y Penda


La tradición:  

Las martenitsas se compran para regalar a la familia, amigos y seres queridos. Al darlas se dice "Chestita Baba Marta!", que significa "Feliz Abuela Marzo". 

Se intercambian con las personas cercanas, compañeros de trabajo, incluso entre profesores y alumnos, y hay que llevarlas puestas todo el mes, o hasta que se ve una planta que echa brotes o una cigüeña (dos símbolos de primavera). Entonces la martenitsa ya se puede quitar, y se cuelga en cualquier planta que esté echando los primeros brotes. 


Martenitsa Bulgaria cigüeña



Confieso que a veces me salto la tradición, en varios sentidos. Aunque es de muy mala educación rechazar o no lucir una martenitsa que te regalan (al menos por ese día), si me regalan veinte pulseras no me las pongo todas, y además si hay alguna especialmente bonita me duele tener que colgarla en un árbol, y me la guardo.

El origen de la martenitsa:

El origen de esta curiosa tradición se remonta al siglo VII, a los primeros pobladores de Bulgaria, y al ser tan antigua circulan muchas versiones sobre su origen y significado. Hay quien dice que las primeras martenitsas fueron unas hebras de lana blanca que el khan Asparuh (un rey de la época) ató a las patas de águilas mensajeras para anunciar su victoria sobre el Imperio Bizantino en la batalla de Ongal. La lana blanca se manchó de sangre, y de ahí los colores blanco y rojo.

La verdad es que a mi me gusta más la leyenda de Baba Marta; me la imagino como una Madre Naturaleza viejecita, y cuando tengo mucho frío (de octubre a marzo) poco me falta para rezarle pidiendole que se enrolle y que traiga la primavera. 

Las martenitsas se pueden comprar por la calle o en supermercados en Bulgaria los días previos a Baba Marta, y también en Amazon por menos de 1€. 

¿Qué os parece esta tradición búlgara de la martenitsa? ¿Hay alguna costumbre especial para recibir la primavera donde vivís?

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