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martes, 30 de septiembre de 2014

Mi niño no (me) habla

Los niños pequeños suelen empezar a decir sus primeras palabras alrededor de los 12 meses, algunos antes, otros después. Y meses antes de hablar, ya pueden entender algunas cosas que decimos los adultos, reconocen nuestra voz y distinguen idiomas.

Mi hijo pequeño tiene 20 meses y no dice nada de nada. Aún estoy esperando que diga mamá, que me pida "agua" o "upa", es decir que utilice palabras reconocibles, aunque no las diga bien del todo. Espero cualquier sonido que se pueda reconocer como una palabra existente en español (o en búlgaro; a estas alturas no me voy a poner quisquillosa). Y no sé si me entiende porque pasa olímpicamente de mi. Si le llamo por su nombre me mira, pero también me mira si digo "patata". 




¿Cómo se comunica? Me coge de la mano y me lleva hacia las galletas. O me pone la botella de agua en la mano y me mira suplicante para que le dé. Se hace entender a su manera, mediante gestos o vocalizaciones. Sé que no tiene impedimentos físicos porque dice sílabas sueltas de vez en cuando, pero la mayor parte del tiempo está callado. Me refiero a hablar, porque gritar y llorar sí lo hace, claro.      
  
Se supone que hay que ir al médico si los padres detectan ciertos "signos de alerta", que a esta edad incluirian, entre otros:

No decir de 6 a 10 palabras.
No decir papá o mamá.
No señalar cosas que le interesen.
No señalar partes del cuerpo cuando se lo pides.

Mi hijo no hace ninguna de estas cosas, aunque tampoco estoy muy preocupada. Está expuesto a varios idiomas: en casa hablamos español y búlgaro de manera habitual, y también escucha inglés y catalán. En principio es normal que los niños bilingües tarden un poco más que los demás en empezar a hablar; de hecho mi hija mayor mi dijo ni pío hasta los 15 o 16 meses.

¿Qué pienso hacer? Como en breve le tocan vacunas se lo comentaré a su pediatra, aunque imagino que simplemente me hará algunas preguntas y como mucho le hará una exploración superficial para descartar problemas físicos. Sé que sólo es cuestión de tener paciencia. Mientras tanto, le sigo repitiendo como un loro palabras clave, como papá, mamá, leche, agua, pan, el nombre de su hermana... 

Aunque conociéndole, seguro que su primera palabra será galleta

¿A qué edad empezaron a hablar vuestros hijos? ¿Recordáis su primera palabra?

martes, 23 de septiembre de 2014

Los seis mejores años de mi vida

Mi hija mayor ha cumplido seis años hace unos días y me siento extraña. Yo nunca pensé en tener hijos, de hecho confieso que nunca me han gustado los niños, y cuando en la adolescencia mis amigas hacían canguros para sacarse un dinerito, yo me resistía.  La verdad es que no tengo ni idea de cómo he acabado fabricando dos niños, y nadie que me conozca de antes de reproducirme es capaz de entenderlo, pero ahí están, con un 50% de mis genes y un porcentaje mayor de mi mala leche.

Parece que fue ayer que la matrona me entregó ese paquetito de carne roja y arrugada, llena de pelusilla negra y que lloraba a grito pelado. Por eso me cuesta de creer que hayan pasado seis años y se haya convertido en una personita civilizada que habla bien, come sola y nos quiere tanto.   


banderola My Little Pony


Después de casi dos años de esfuerzo y mucha paciencia, ya puede leer muy bien. A ella se le ha abierto un mundo increíble con la lectura. Ha descubierto que ya no nos necesita para leerle las instrucciones de los juegos en el tablet de su padre. Si quiere un cuento, elige el que quiere y se lo lee ella sola. Escribir le cuesta más, porque le da bastante pereza, pero también le gusta dejarme mensajitos escritos por toda la casa, hacer la lista de la compra, y ya ha mandado alguna postal de su puño y letra. También firma sus dibujos y a veces hasta los de sus amigas.     

Ha aprendido a perder con elegancia. El año pasado se tomaba fatal perder a la oca o al parchís; cogía unas buenas rabietas si no ganaba ella siempre. Por fin he conseguido que entienda que lo divertido es jugar, y que sería muy aburrido ganar siempre. También entiende que hay juegos en los que ganar depende del azar (nunca se sabe qué número dirán los dados) y otros en los que lo que importa es la estrategia. Ahora cuando pierde, pone cara de frustración, pero en seguida se recompone y me felicita por haber ganado.

Este año se le han caído los primeros cuatro dientes, y ella disfruta como una enana esperando la visita nocturna del Hada de los Dientes, que es la encargada de tal menester en Bulgaria. Por suerte, a pesar de mis metidas de pata, sigue creyendo que las hadas, los Reyes Magos y Papá Noel existen.

Por primera vez hemos empezado a ir de compras juntas. Hasta ahora le compraba yo la ropa, pero ya hemos ido viendo que si no es de su gusto no se la pone, y muchas prendas se quedaban nuevas. Eso sí, con seis años tampoco creo que sea bueno soltarla en una tienda y decirle que coja lo que quiera. Lo que hago es lo siguiente: si lo que necesita son unos pantalones, primero hago yo una preselección. Le señalo unos pantalones y entonces le permito que decida qué color le gusta más, por ejemplo. O si lo que hace falta son camisetas, le doy a elegir, igualmente, entre unas cuantas previamente elegidas por mi. Así conseguimos la prenda que hace falta, pero ella decide si quiere rayas o lunares, o estampado de Rapunzel o de Frozen. Este parcial poder de decisión la hace sentir muy orgullosa y nos ahorra dramas a la hora de vestirse.

H&M camisetas Disney
Le encanta lucir sus personajes favoritos (imágenes de H&M BG)

Es una gran ayudante cuando está de buenas. Me ayuda a limpiar el polvo, ordenar su cuarto, doblarse la ropa (aunque obviamente después tengo que ir yo a escondidas y hacerlo bien). Vigila a su hermanito si tengo que salir un momento de la habitación, se hace la cama (más o menos) o me avisa cuando suena el horno.   

Ha ganado en independencia; hasta ahora  yo le ponía el pijama, le lavaba los dientes, le contaba un cuento y le preparaba la ropa para el día siguiente. Ahora estas pequeñas tareas ya las hace sola y yo sólo tengo que supervisar. La verdad es que es un alivio, considerando la dedicación que me exige el pequeño. Es un placer saber que si voy con prisa le puedo decir "Voy a acostar a tu hermanito, tu ve preparandote", y cuando voy a verla encontrarmela ya en la cama, con el pijama puesto, los dientes limpios, y leyendose un cuento a sí misma. De hecho, ¡la mayoría de noches es ella quien me lee un cuento a mi! 

Obviamente no todo es tan fantástico. Tiene problemas con su papel de hermana mayor: tan pronto se come a besos a su hermanito, como le empuja y me exige que me libre de él. Según su nivel de enfado, las propuestas son que se lo dé a otra familia o que lo abandone en la calle. Si el pequeño la deja en paz, ella normalmente se limita a ignorarle, pero si él le toca sus cosas se pone negra, y a veces hace falta un toque de atención, porque no puedo permitir que le haga daño al pequeño. También se enfada conmigo, me grita y empieza a despuntar algo de rebeldía preadolescente a ratos.

A pesar de todo, creo que un poquito de mal genio entra dentro de lo normal a su edad. Es tarea mía ayudarla a controlar sus enfados y su impaciencia, y enseñarle que ser hija y hermana mayor puede ser estupendo.



Cuento todo esto porque a veces, las mamás que tenemos niños pequeños nos desesperamos cuando no podemos dormir ni la mitad de lo que necesitamos, ni comer tranquilas, ni llevar ropa sin manchurrones, ni tener ratos de paz y tranquilidad. Yo tengo la suerte de que mis hijos se lleven cuatro años y medio, y eso me permite ver mi agobio actual con un poco de perspectiva: miro a mi hija mayor y me doy cuenta de que aunque el pequeño es agotador, en breve será mayor como su hermana, y comerá solo, hablará, me abrazará y será él quien me lea cuentos mi.

A pesar del sacrificio que conlleva criar a los hijos, han sido los seis mejores años de mi vida.

¿Tenéis hijos que ya no sean bebés? ¿Os imagináis a vuestros bebés con seis años?        

lunes, 15 de septiembre de 2014

Empieza el curso: el parvulario en Bulgaria

Mañana vuelve al colegio mi hija mayor. En Bulgaria, el último año de parvulario (6 años) se llama Pred Uchilishna, que significa "antes del colegio" y es obligatorio. Es el año en el que se  empieza a introducir a los niños en la lectoescritura, que, por lo que tengo entendido, no se les enseña hasta este curso para que todos empiecen primaria con el mismo nivel. 

Al ser obligatorio, en principio el Gobierno garantiza plaza a todos los niños, pero conseguir una cerca de casa es cuestión de suerte. La que hemos conseguido está a 30 minutos a pie, lo que me supone dos horas diarias de patearme la ciudad, pero como es mejor ser positiva me lo tomo como gimnasio gratis... 




Como algunas cosas son distintas a cómo se organizan en España y en otros países, os cuento un poco cómo se hace aquí, para poder comparar. 

Material:

El primer día la profesora entrega los libros a los padres para que se puedan marcar y forrar en casa. Se le pagan directamente a ella, y aunque no son baratos, al menos son pocos. El año pasado fueron tres libros, cada uno de ellos con cuaderno de ejercicios. Lo que más me gusta (aparte de no arruinarme) es que los libros se quedan en el colegio, así que los niños no tienen que cargarlos cada día en la mochila.

Por otro lado, al principio de curso se abonan 40 levas (20 E) en concepto de gastos de material de papelería: cartulinas, acuarelas, plastilina, etc, que irán usando a lo largo de varios meses.

Algo que me pareció insólito el año pasado: nos pidieron que cada mes llevemos dos rollos de papel higiénico para el lavabo de los niños. Me cuesta creer que 25 niños necesiten 50 rollos cada mes, y me parece raro que los llevemos los padres, pero tampoco cuesta nada.

Cada niño tiene un pequeño colgador y un palmo de estante, y ahí dejan durante todo el curso su estuche de colores y un par de zapatillas. Las zapatillas se las ponen cada día al llegar y las llevan puestas todo el tiempo que están en el colegio.

Echo de menos que lleven algún tipo de bata para que no se ensucien tanto, sobre todo cuando usan pinturas o barro, pero el año pasado no hubo manera de convencer al colegio. Lo que haré será dejar una en el colegio, y decirle a la niña que se la ponga cuando vaya a realizar alguna actividad sucia.  





Horario

Como en la mayoría de colegios del país, el horario es intensivo de mañana o de tarde. Esto es debido a que un mismo edificio suele albergar dos centros educativos. Por ejemplo, un colegio  usa las instalaciones por la mañana, y por la tarde lo hace un instituto. Al parecer esto era típico de países comunistas y muchos conservan la costumbre. Normalmente a mitad de curso de invierten los turnos.

Hace unos días el colegio nos comunicó que a la mayor le toca horario de tarde, de 1 a 5. No me ha hecho nada de gracia, y por lo que vi en la reunión de padres, a nadie le viene bien, pero es lo que hay. Supongo que tendremos que comer muy temprano y salir disparadas al colegio en plena digestión, y en invierno a la salida ya será de noche, pero si todo va bien en Febrero nos tocará el turno de mañana.


Actividades

Cada día está dividido en 4 o 5 actividades diferentes, como manualidades, juego libre, dibujo, actividades del libro, y un par de veces por semana aprenden inglés. Cuando hacen figuras de plastilina, la profesora las deja expuestas unos días y luego las desmonta y recicla la plastilina. Ya he mencionado que este año se supone que se añade lectoescritura, pero tampoco me preocupa mucho porque, como conté hace meses, ya le he enseñado a la niña a leer y a escribir en casa. 



  

 Lo que cambiaría:

Si pudiera cambiar algo, además de añadir una bata para los niños, modernizaría un poco el sistema de comunicación con los padres. En vez de mandar un e-mail a todos los padres de la clases para comunicar fecha de inicio de curso o cualquier noticia o cambio, ¡llaman por teléfono! Imaginad, una secretaria debe perder media mañana llamando por teléfono a 25 padres y madres para decir lo mismo a todos. ¡Con lo fácil y rápido que sería un e-mail!

También echo de menos alguna nota de vez en cuando informando de los avances o posibles problemas. Si no voy a hablar con la profesora, ¡nadie me dice nada! Pero sólo se puede hablar con ella a la entrada o salida, cuando está todo llenos de niños y padres y hay un caos enorme. Y un pequeño informe a final de curso también sería de agradecer.

Esta reticencia a gastar papel no impide que a los padres nos exijan papeles sellados, firmados y compulsados por cualquier cosa. Si el niño se pone enfermo, para volverlo a aceptar se pide un certificado médico que demuestre que ya está sano. Tenemos derecho a tres ausencias al año sin necesidad de justificación, pero a partir de ahí ya hay que dar explicaciones. También hay que presentar, cada vez que les da por pedirlo, la cartilla de vacunación completa. Conozco padres que no vacunan a sus hijos y falsifican la documentación, pero eso daría para otro post.     


Excepto por estos pequeños detalles, en general el año pasado quedé bastante satisfecha con el colegio, está por ver cómo irá este año...


¿Han empezado ya el colegio vuestros hijos? ¿Qué diferencias y similitudes veis con el sistema búlgaro

lunes, 8 de septiembre de 2014

Típico búlgaro: las zapatillas de estar por casa

Hoy os cuento otra costumbre típica de Bulgaria: las zapatillas de estar por casa. Pensaréis, Bah, de eso hay en todos los países! Cierto, pero normalmente en España (al menos donde yo vivía) las zapatillas se usan con el pijama: en el trayecto entre el lavabo y la cama, o por la mañana al levantarnos, mientras aún no nos vestimos.




En Bulgaria hace mucho frío nueve meses al año y nieva a menudo en invierno, por lo que en general, en las casas el suelo acostumbra a ser de alguna materia cálida como el parquet, y menos frecuente, la moqueta. También suele haber muchas alfombras. Las baldosas solas no pueden conservar bien el calor.

Si sales de casa cuando en la calle hay dos palmos de nieve, al volver los zapatos o botas están cubiertos de lo que yo llamo, en un alarde de originalidad, barronieve, es decir nieve sucia y pisoteada, color marronoso, que nada más entrar en casa se empieza a deshacer formando unos charcos sucios bastante asquerosillos.

zapatos nieve


Normalmente en el recibidor hay un pequeño espacio para quitarse los zapatos "de fuera" y cambiarlos por zapatillas. Puede ser un mueble zapatero con espacio para sentarse, o cualquier silla o taburete. Los zapatos chorreantes se dejan en un rincón, por ejemplo sobre un papel de periódico, hasta que se secan, y entonces ya se pueden cepillar. En una casa con niños es un poco complicado, porque ¡cualquiera le explica a un bebé que los zapatos sucios no se tocan!

Para que os hagáis una idea de lo que supone el pringue de barronieve, es común que delante de las puertas de entrada de los edificios, tanto públicos como los bloques de pisos, haya una rejilla especial para rascar la suela de los zapatos. Así, gran parte de los pegotes caen en la parte inferior de la rejilla y no entran en casa.


Las zapatillas de invitados:


Cuando llegué a Bulgaria por primera vez, hace más de diez años, unos conocidos nos invitaron a cenar a su casa. Nada más entrar, nos ofrecieron ¡dos pares de zapatillas usadas! Me quedé flipando en colores. Me resultó bastante incómodo pasar toda la cena con zapatillas de otras personas, la verdad. Además yo les acababa de conocer y aún no les tenía confianza.

En otra ocasión, invitamos nosotros a unos amigos a casa, y según entraron por la puerta  se sacaron de la mochila ¡zapatillas para ellos y para sus hijos! 

Otras personas que  han venido a casa y no traían zapatillas han optado, con toda naturalidad, por quedarse en calcetines todo el rato, y nada de lo que yo dije les hizo cambiar de opinión a ninguno.

Desde entonces he aprendido la lección, y suelo tener a mano algunas zapatillas de las típicas que dan en los hoteles, sencillas pero a estrenar, por si vienen invitados sin sus propias zapatillas. Y yo siempre llevo las nuestras por si acaso cuando vamos a casa de otras personas.

En conclusión, en Bulgaria todo el tiempo que estás en casa llevas zapatillas, sí o sí. 


A veces esta costumbre va más lejos y no se limita a las casas particulares:  mi hija mayor en el colegio ¡también lleva zapatillas! Así los niños no llenan el aula de barro y porquería cuando llegan; todos tienen su par de zapatillas esperandoles en el colegio y se las ponen al entrar. Por lo que tengo entendido, en primaria ya no se hace.



Para terminar, os cuento una pequeña anécdota que ya llevó mi incredulidad a niveles estratosféricos. Hace un par de años vinieron los vecinos de abajo a comunicarnos - con mucha educación, eso sí - que nuestras zapatillas eran muy ruidosas y que si podíamos usar otras

A continuación nos pidieron que nos probaramos por turnos todas nuestras zapatillas y que caminaramos con cada par arriba y abajo por el pasillo. El  marido bajó a su piso mientras su mujer supervisaba nuestros paseos, y mientras tanto se comunicaban por el móvil: "¿Ahora oyes pasos? ¿No? ¿Y ahora?". Al cabo de un rato identificaron las zapatillas ruidosas y nos pidieron que no las usaramos más. Yo no daba crédito. 


Imagino que en otros países y en algunas zonas de España donde también nieva, se deben usar igual las zapatillas de estar por casa.

¿Qué opináis de las zapatillas de estar por casa? ¿Las usáis? ¿Las usaríais en casa de otros? 

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martes, 2 de septiembre de 2014

Cinco momentos del verano en el Mar Negro


Después de pasar todo el mes de Agosto con los suegros en la costa del Mar Negro, hago un pequeño resumen de las vacaciones para recordar cosas que hemos visto y hecho. Me ha costado mucho pasar un mes entero con los suegros, cada año se me hace más cuesta arriba, pero los niños lo pasan muy bien y eso hace que valga la pena. En un esfuerzo por ser positiva, quiero olvidar los malos ratos y he elegido cinco momentos para recordar

1. Fuimos a ver una plantación de girasoles y nos volvimos a casa con uno chiquitín que crecía todo solitario al borde de la carretera. Los demás, ya listos para ser cosechados, medían casi dos metros de alto y las flores unos 30 o 40 cm de diámetro. 






 2. Hemos recolectado casi una tonelada de manzanas del huerto de los abuelos. Como son medio rojas y medio verdes, no se veían bien entre las hojas y parecía que había menos, pero tras varios días de almacenar manzanas por toda la casa, así a ojo calculamos que hay el doble de los 500 kg que pensábamos. ¡Vamos a estar comiendo manzanas hasta Navidad!


recolectando manzanas, Bulgaria



3. Nos hemos bañado en el mar y en la piscina. Yo soy de secano, pero a los niños les encanta estar en remojo. Por algún motivo la playa les deja agotados; el pequeño se me quedaba frito en brazos bajo la sombrilla, y ya hacía meses que eso no pasaba. La mayor está aprendiendo a nadar y con tanto sol está doradita como una galleta. 

Por otro lado, compramos una piscina hinchable para que se remojaran los días que no bajabamos a la playa. La encontramos de oferta por el equivalente a 20 euros, y aunque hincharla tiene tela, ¡cabemos los cuatro dentro! Hasta ahora usabamos una de 1 metro con un palmo de agua, así que el cambio les ha gustado mucho. 


playa del Mar Negro, piscina hinchable



4. Nos hemos puesto las botas de palachinki, unos creps búlgaros gigantes de dos palmos de diámetro. Normalmente soy tradicional y lo pido de Nutella, pero este verano he probado el de mi hija, de kashkaval y lukanka (queso rallado y un embutido búlgaro delicioso), y se me ha abierto la mente a los creps con rellenos salados. ¡Una delicia! La próxima vez que haga en casa pondré la receta, es una merienda súper fácil y muy rica, y se les puede poner cualquier relleno.


palachinki, Bulgaria



5. Fuimos a un festival de bailes de todo el mundo en el pueblo de al lado. Cada verano el Ayuntamiento ofrece alojamiento a grupos de adolescentes de varios países a cambio de un par de actuaciones al día. Es una especie de turismo low-cost para estudiantes, y a mi la idea me parece genial, porque así los jóvenes pueden ver mundo y se pagan el alojamiento bailando las danzas tradicionales de sus países. Mis favoritos fueron las chicas de Polinesia y el grupo de Rusia. 



Bailes Polinesia y Rusia. Bulgaria.
Los bailes de Rusia y Polinesia

                                    
Estos son mis cinco recuerdos especiales del verano. ¿Cuáles son los vuestros?  
 
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