Haciendo maletas

Nos vamos al Mar negro! Por fin me reuniré con mi niña, cómo la he echado de menos!

 40 años después de empezar, se ha terminado la construcción de la autopista que une la capital con la costa, así que esta vez el viaje no será tan pesado. De todos modos no me hace nada de gracia tener un bebé en el coche durante 5 horas, por más que vayamos parando. Si para mí es agobiante, para él será peor. Espero que al menos duerma parte del trayecto.

Llevo días haciendo las maletas , actividad que odio, por cierto. Antes, hacer mi maleta consistía en coger un poco de ropa, el neceser, el pijama y un libro. Ahora hago las maletas de 4 personas (sí, la de mi marido también) y la ropa es sólo un punto en una lista de tropecientas cosas. Tengo que llevar cacharros de cocina, minipimer para hacer la comida del bebé, los biberones, tuppers, juguetitos, agua, pañales y botes de leche como para el apocalipsis, el calentador de biberones, baberos a punta pala, un mini-botiquín, papillas para los primeros días, etc...



A todo esto hay que añadir el cochecito (maldito trasto) que ocupa medio maletero, la cuna portátil, ropa de cama para todos, toallas de baño y toallas de playa, toda la comida que sobre en la nevera, la alfombrita del bebé, y un millón de porsiacasos que sólo entenderéis las que tenéis hijos. ...


Tengo que dejar la trona porque si entra ella no quepo yo, el cambiador, mi única planta viva (espero que siga viva cuando volvamos) y mi cordura...

Aparte hay cosas que yo no cargaría pero que mi marido sí, por ejemplo:

- Muchos quilos de carne para hacer barbacoas, porque nos vamos a una parte del país en que no existe la carne, claro. Y tiene que ir en una bolsa térmica que abulta un huevo..

- Nutella, porque ahí no venden, claro.

- Tumbonas, porque nos apetecerá mucho cargar un montón de tumbonas hasta la arena, además de las sombrillas, las toallas, el agua, los niños y los trastos de los niños. Y además en un pueblo de playa no venden tumbonas, claro.

- Una tele vieja, porque con una tele en la casa no basta, claro.

En fin, cuando haya conseguido empaquetar tooooodo esto y embutirlo en el coche, veremos si cabe un poco de ropa para nosotros. A todo esto aún no he mencionado que odio la playa con todas mis fuerzas, pero soy minoría: mis suegros, mi marido y mi hija contra el bebé (tengo su voto) y contra mí. Ahora, si me disculpáis, me voy a arrancarme las venas a bocaos.

¡Qué agotadoras son las vacaciones, y todavía no han empezado!

PD: Iré escribiendo en el blog cuando pueda, según el estado de la wi-fi en el fin del mundo. Y por supuesto os iré leyendo!

4 comentarios:

  1. Qué estrés. Yo creo que a no ser que tengas una furgoneta, si metes todo eso no cabéis. Si lo conseguís, pasadlo muy bien.

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  2. Jaja pues lo creas o no mi marido lo ha conseguido embutir todo! Faltamos nosotros y el niño!

    La trona, al final hemos comprado la baratita de Ikea que abulta poco porque se desmontan las patas, y cuando volvamos se quedará en casa de mis suegros, que vamos muy a menudo.

    Muy chulo tu último post sobre dar el pecho, por cierto... Ojalá lo hubiera leído cuando nació la mayor. Las blogueras periodistas nos avergonzáis a las blogueras normales jeje, vais con ventaja!

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  3. Yo he desistido de ir a apartamentos, al menos por el momento. En los hoteles se necesitan muchas menos cosas.

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    1. Es verdad, pero como vamos a casa de mis suegros lo del hotel va a ser que no... Yo lo preferiría, la verdad.

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